Dicen que no debes esperar nunca nada de nadie. Y que verdad tan grande. Pero, qué ocurre cuando tú das algo?, realmente no deseas que te lo devuelvan?. Es algo que nunca he entendido. No te entiendo.
Hoy me he despertado feliz, ojalá pudiera decirte que con las cosas claras, pero te voy avisando que nunca las tengo. Hoy me gusta el negro y mañana el blanco, soy así. Porque no me gusta aburrirme o porque nunca hago caso a mi cabeza, que maldita sea, siempre acaba teniendo razón. Sigo sin saber qué hacer contigo. Me encantaría que existiera una máquina que me dijera que es lo correcto para mí en estas ocasiones. Aunque probablemente tampoco le acabaría haciendo caso si no me dijera lo que quiero oír. También me he despertado con ganas de atreverme. Me debe ir el riesgo porque sé que acabarás haciéndome daño. Lo intuyo, porque llevo repitiéndome muchas veces que no volveré a darle una oportunidad, ya no al que no se la merece, sino al que no la quiere. Y tu no la quisiste. Así mal empiezan las cosas. Sigo pensando que nuestra compatibilidad es muy baja, yo soy una plasta como tú me dices, y tú parece que estas hecho de hielo. Apenas me dejas conocerte. No sé como hacerlo.
A veces me llaman loca (locura sana), o inquieta, no me gusta parar, ni pensar, ni arrepentirme. Porque prefiero que algo salga mal a no hacerlo. Y yo, que llevo aguantándome las ganas de quererte, prefiero sacarlas y que venga lo que tenga que venir. Y me di cuenta porque se me volvió a poner esa cara de tonta cuando me hablaste ayer, y me iba el corazón a mil, y no sabía si reír o llorar. Que como me dijiste, hasta hoy tenía yo la última palabra, pero a partir de ahora, decidirás tú si realmente va a merecer la pena o si tengo que volver a darle la razón a mi cabeza.
Y ahora dame un beso, de los buenos, de los que dicen: "No te voy a soltar nunca. Intenta confiar en mi, porque te prometo que todo irá bien".
Mírame y dime la verdad, si todo es real o me tengo que largar.
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