Hay gente que tiene un potencial realmente increíble confiando en la gente, yo soy todo lo contrario, desconfío por instinto. Así me han convertido y la verdad es que en cierta parte lo agradezco porque en mi habitación hay dos tipos de cajones, unos con llave y otros sin llave. Los cajones sin llave son los que pertenecen a la niña que llevo dentro, a la que le encantan las locuras y la que es feliz viendo reír a los demás. Y luego existen los cajones con llave, esos cajones los han abierto muy pocas personas, podría contarlos con los dedos de una mano, y son cajones que realmente prefiero olvidar que tengo siempre que puedo pero inevitablemente hay días que se abren solos y no puedo contarle a nadie que hoy se han abierto esos cajones. Es como si tuvieran la típica serpiente de mentira que salta al abrirlo, todo el mundo se asusta y hoy en día ya no quieren volver a saber nada de esos cajones. Yo no quiero que seas uno más de los que se asustan y ya no quieren saber nada más de esos cajones.
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