Estoy feliz, muy feliz. No sé explicarlo muy bien pero es un momento de la vida en el que parece que vives en una canción de amor sin final, de esas en las que al cerrar los ojos solo te viene a la cabeza un nombre y mi nombre es Luis.
Tampoco es que siempre vaya a regalarle los oídos porque hay cosas de él que odio, como sus ojos, ese par de bolitas azules, blancas y negras que hacen que me pierda en cada uno de mis sentidos. Cada vez que mira callado, dejo de escuchar, de sentir, se me nubla la mente y ahí me encuentro yo, embobada por culpa de sus ojos. Y que decir de sus manos, más que un peligro. Sus caricias hacen bloquearme, son más efectivas que cualquier arma blanca, odio que vaya conociendo mis puntos débiles. ¿Y sus labios? no me canso nunca de besarle y odio que lo sepas y me des esos besos buenos que ojalá no se terminaran nunca y que sepas que quiero odiar todas esas cosas cada día de mi vida y quererte a ti el resto de la tuya. Formar juntos NUESTRA vida.
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